Ingredientes asquerosos en tus perfumes

[vc_row][vc_column][vc_column_text]Mujeres sexys, divinas, con elaborados vestidos de noche o en cortos bikinis, retozando por bosques y playas, corriendo por la ciudad, o siendo la atracción en las fiestas más exclusivas, siempre rodeadas de chicos guapos y desprendiendo un olor divino. Los anuncios de perfumes, que llegan todas las temporadas a la navidad, como el turrón, nos enseñan una realidad que pocos, o casi ninguno, vivimos en nuestras propias carnes.

Porque cuando nos hablan de los ingredientes que hay en todas esas esencias románticas llenas de color, flores, notas orientales cargadas de sensualidad y misterio, la pureza inmaculada de los cítricos más frescos… ¿Quién puede resistirse? Nadie, pero es que todo es atrezzo, forma parte de un decorado. Esas flores muchas veces no están ni en el campo, ni mucho menos dentro del frasco que acabas de adquirir. Es más, algunos de los ingredientes de los perfumes que usas habitualmente encierran un secreto que desconoces: son más asquerosos de lo que te imaginas.[/vc_column_text][vc_column_text]

Vamos, que todo el revuelo que se armó cuando Lady Gaga anunció que su perfume debía llevar sangre y semen no es nada comparado con lo que solemos rociarnos cada mañana. Por eso en Aromaniacos hemos hecho una pequeña lista de componentes de los perfumes industriales, que seguro que te sorprenden.

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Indol: el compuesto relacionado con el olor de las heces

El indol es probablemente uno de los ejemplos más sorprendentes. Se trata de un compuesto químico presente de manera natural en el intestino de animales y seres humanos y asociado al olor de las heces.

Sin embargo, en cantidades extremadamente bajas, el indol adquiere un aroma floral intenso y sofisticado. Por este motivo se utiliza habitualmente en perfumes con notas de jazmín, azahar o flores blancas, ya que aporta profundidad y realismo a los acordes florales.

En concentraciones elevadas resulta desagradable, pero diluido puede convertirse en un componente muy apreciado en perfumería.

Ámbar gris: el “tesoro” digestivo de los cachalotes

El ámbar gris es una de las sustancias más famosas y controvertidas de la historia de la perfumería. A pesar de su nombre elegante, no se trata de una resina mineral ni de una piedra preciosa.

Es una secreción generada en el sistema digestivo de los cachalotes para proteger sus intestinos frente a elementos duros ingeridos, como los picos de calamar. Con el tiempo, esta sustancia puede acabar flotando en el océano o llegando a las playas tras años de oxidación natural.

Aunque en estado fresco su olor es muy fuerte y desagradable, al envejecer desarrolla un aroma dulce, marino y terroso muy apreciado como fijador de perfumes. Durante siglos fue uno de los ingredientes más caros del mundo.

Almizcle: de glándulas animales a versiones sintéticas

El almizcle es otro de los ingredientes clásicos de la perfumería. Originalmente se obtenía de secreciones animales utilizadas para marcar territorio.

Uno de los casos más conocidos es el de la civeta, un pequeño mamífero cuya sustancia olorosa procede de glándulas cercanas al ano. El olor natural es extremadamente intenso y desagradable, pero tras el tratamiento químico y la dilución adquiere matices cálidos y sensuales.

Actualmente, la mayoría de perfumes utilizan almizcles sintéticos debido a cuestiones éticas y regulatorias.

Castóreo: secreciones de castor utilizadas en perfumería

Otro ingrediente históricamente utilizado es el castóreo, una sustancia obtenida de las glándulas del castor.

Estos animales utilizan dicha secreción para marcar territorio y proteger su pelaje. En perfumería se empleaba por su aroma cálido, cuero y ahumado, especialmente en fragancias masculinas o con notas orientales.

Aunque hoy su uso es mucho más reducido y ha sido reemplazado en gran medida por alternativas sintéticas, sigue siendo uno de los ingredientes más llamativos de la perfumería clásica.

Escatol: un nombre poco atractivo para un aroma floral

El escatol es otro compuesto químico relacionado con los residuos orgánicos y presente en los excrementos de mamíferos.

Su nombre procede precisamente del término griego “skatós”, relacionado con las heces. Sin embargo, al igual que sucede con el indol, en pequeñas concentraciones puede aportar notas dulces y florales utilizadas en perfumería.

Es especialmente común en fragancias inspiradas en flores muy intensas.

Ladanum: resina obtenida de arbustos y lana animal

El ladanum, también conocido como labdanum, es una resina aromática obtenida de determinados arbustos mediterráneos.

Tradicionalmente, esta sustancia se recogía peinando la lana de ovejas y cabras que se habían frotado contra estas plantas. Posteriormente se utilizaba en perfumes como sustituto vegetal del ámbar gris.

Su aroma es cálido, ambarado y ligeramente animal.

Costus: una raíz con olor a cabello y sudor

El aceite de costus procede de una planta originaria de Asia y durante décadas fue utilizado en perfumería por su potente aroma terroso y animal.

Lo llamativo es que muchas personas describen su olor como una mezcla de cabello húmedo, sudor y cuero viejo. Precisamente por ese carácter “humano”, algunos perfumistas lo empleaban para aportar realismo y profundidad a determinadas composiciones.

Actualmente está muy restringido por cuestiones alergénicas.

Hyraceum: excrementos fosilizados utilizados como fijador

Uno de los ingredientes más extraños utilizados en perfumería es el hyraceum, también conocido como “piedra africana”.

Se trata de restos fosilizados de orina y excrementos del damán roquero, un pequeño mamífero africano. Con el paso de los siglos, estos residuos se endurecen y desarrollan compuestos aromáticos complejos.

En perfumería niche se utiliza por sus notas animales, terrosas y ahumadas.

Civet sintético y moléculas recreadas en laboratorio

La mayoría de ingredientes animales tradicionales han sido sustituidos en la actualidad por versiones sintéticas desarrolladas en laboratorio.

Esto permite reproducir aromas similares sin recurrir a la extracción animal, además de garantizar una mayor estabilidad y seguridad en las formulaciones.

Aun así, muchos perfumes continúan utilizando moléculas inspiradas en estos ingredientes históricos para recrear sensaciones cálidas, profundas o sensuales que siguen siendo muy valoradas en alta perfumería.

Una industria donde lo desagradable puede convertirse en lujo

La perfumería demuestra hasta qué punto el contexto y la química pueden transformar un olor. Muchas sustancias que en estado natural resultan repulsivas se convierten, tras complejos procesos de elaboración, en algunos de los aromas más apreciados del mercado.

Detrás de una fragancia elegante puede esconderse un ingrediente relacionado con secreciones animales, compuestos intestinales o materiales orgánicos difíciles de imaginar en un producto de lujo.

Y, aun así, millones de personas continúan utilizándolos cada día sin saber que algunos de los perfumes más sofisticados del mundo nacen precisamente de ingredientes que, sobre el papel, parecerían imposibles de llevar sobre la piel.

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